Bendición de los ministros de la caridad | Domingo de la misericordia 8 de abril 2018


Nuevamente, como todos los años, invitamos a realizar la bendición de los MINISTROS DE LA CARIDAD que desempeñan la tarea en sus comunidades.

Leemos en la Carta Pastoral de nuestro Obispo (Nº 41):

Queremos ser Iglesia servidora, que tenga un corazón que ve y así se comprometa con los pobres, débiles, enfermos y sufrientes (cf. EG 186-216). Como Jesús anhelamos estar cerca de todo ser humano y de la familia que sufre ya que el mundo del dolor no nos es ajeno. Por el contrario, es espacio privilegiado de profetismo para hacer presente al Dios que libera y da sentido en una búsqueda sostenida de desarrollo integral y solidario para todos (cf. LS 50.185). En el marco de la doctrina social de la Iglesia queremos colaborar con todos los grupos, instituciones, asociaciones, espacios y organizaciones que procuren de forma clara y decidida un compromiso de servicio en la defensa de la totalidad de los derechos humanos fundamentales: “la Iglesia no dejará de preocuparse por el bien común de los pueblos y, en especial, por la defensa de principios éticos no negociables porque están arraigados en la naturaleza humana” (DA 504).

Los voluntarios de Cáritas y de los otros servicios de la pastoral caritativa de la comunidad son la expresión visible de este estilo profético de nuestra Iglesia y creemos que este domingo de la Divina Misericordia puede ser un motivo para valorar, poner en evidencia y celebrar esta dimensión esencial de la Iglesia, destacando el servicio de las hermanas y hermanos que escuchan el clamor de la gente, que ven, que se comprometen  y responden con sus vidas dedicadas a los preferidos del Señor,  sosteniendo la pastoral caritativa de la comunidad.

            La propuesta es utilizar el rito de bendición propuesto en el Bendicional (capítulo V, III), “destinado a aquellas personas que, por vocación y dedicación especial, se ocupan en las comunidades cristianas de la acción caritativa y social en pro de los necesitados” (Bendicional, 427).  Sugerimos que esta bendición se lleve a cabo dentro de la celebración de la Eucaristía dominical, y les proponemos una adaptación del rito a estas circunstancias (cf. Bendicional, 428).

            A continuación añadimos sugerencias para el guion y la bendición.  Que tengan una fecunda celebración y transmitan nuestra gratitud a los ministros de la caridad de la comunidad.

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                    Después de la homilía, un diácono, o el responsable de Cáritas o de los servicios de la pastoral caritativa de la comunidad, presenta a quien preside la celebración a las personas que participan en la pastoral caritativa de la comunidad.  Puede llamarlas por su nombre, mientras se van acercando en semicírculo frente al altar. Lo hace diciendo:

Querido padre, estas personas que hoy se presentan ante nuestra comunidad, desean consagrarse con mayor empeño al ministerio de la caridad, en nombre de la Iglesia.  Ellos están convencidos de que la ley fundamental de la perfección humana y, por tanto, de la transformación del mundo es el mandamiento nuevo del amor.  Por eso pido que los cuentes entre los servidores de los hermanos más necesitados de nuestra comunidad, invocando sobre ellos la bendición divina.

         Luego, quien preside la celebración, anima a los ministros de la caridad, diciendo:

Queridas hermanas y hermanos: el de ustedes es un servicio que nos corresponde realizar a todos los discípulos de Jesucristo, que hemos de descubrir la presencia del Señor en toda persona que sufre injusticia o está necesitada de cualquier tipo de ayuda.  El mismo Cristo nos dio ejemplo de lo amplia y generosa que ha de ser nuestra caridad.  Pero al recibir en este día de la Divina Misericordia una bendición especial, son llamados a asumir este compromiso con una exigencia mayor.  Ustedes van a prestar una valiosa colaboración a la misión caritativa y social de la Iglesia y, en consecuencia, van a trabajar en su nombre, abriendo a todos los hombres los caminos del amor cristiano y de la fraternidad universal.  Cuando realicen esta tarea, procuren siempre actuar movidos por el Espíritu del Señor, el Espíritu del amor, y así serán reconocidos como auténticos discípulos de Cristo.

Por eso, querida comunidad, oremos a Dios, que es amor, para que nos renueve con el fuego de su Espíritu y nos haga fervorosos en el amor mutuo, como Cristo nos amó

Todos oran un momento en silencio, y el que preside la celebración, con las manos extendidas sobre los ministros de la caridad, añade:

Oh Dios, que derramas en nuestros corazones, por el Espíritu Santo, el don de la caridad, bendice + a estos hermanos nuestros, para que, practicando las obras de caridad y de la justicia social, contribuyan a hacer presente a tu Iglesia en el mundo, como un sacramento de unidad y de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.  Amén.

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Propuesta de guión para la Misa de bendición de los ministros de la Caridad

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